La hermandad de hierro: Lazos de acero (I)

Abandonado a su suerte en esta ciudad, un chico huía de la justicia después de haber robado comida de un puesto en el mercado local.

No era la primera vez que lo hacía, ya lo habían capturado varias veces cometiendo el mismo delito. Como prueba de ello tenía 2 marcas en su brazo derecho que dictaminaban el siguiente nivel del castigo que recibiría si lo volviesen a capturar.

-¡Maldición! ¡Si me atrapan voy a morir!- Pensó el chico mientras corría a toda velocidad entre los pasillos oscuros de la ciudad.

Las autoridades de esa ciudad no aplicaban la pena de muerte por ese tipo de crímenes tan pequeños aunque sucedieran una y otra vez por el mismo individuo. Su sistema era más directo para eliminar ese comportamiento.

Que te capturaran una vez implicaba trabajar gratis para la persona que había sido robada.

Que te capturaran dos veces implicaba un castigo público exponiéndote como ladrón enfrente de toda la ciudad.

Que te capturaran una tercera vez implicaba un castigo público aún más severo que incluía la perdida de una extremidad dependiendo de qué tipo de crimen cometieras.

Sin embargo, para aquellos sin familia ni a nadie a quien recurrir el tercer castigo era una condena de muerte indirecta, ya que muchos morían desangrados antes de recibir cualquier tipo de atención médica.

-¡Guh! ¡Esto no pinta bien!-

Las fuerzas del chico comenzaban a desaparecer debido a su malnutrición.

-¡No puedo dejar que esto acabe aquí!-

Con un esfuerzo extraordinario el chico siguió corriendo y entró a un edificio que parecía estar abandonado. Subiendo al primer piso se encontró con un señor no tan joven que vestía una bata de laboratorio, pero al no tener tiempo para explicar lo que sucedía decidió seguir su camino y saltó por una ventana para columpiarse de los tubos anexos al edificio y llegar al que estaba a un lado.

-Vaya chico más intrépido. Me pregunto qué le pasará- Dijo el señor sacando la cabeza por la ventana destruida mientras observaba la huida del chico.

Un minuto después los guardias locales llegaron al edificio.

-¡¿Ha visto a un chico corriendo como si su vida dependiera de ello?!- Preguntó uno de los guardias

-Hace un momento brincó por esta ventana- Respondió el señor

-¡Maldición! ¡Bajen todos y persíganlo! ¡Aseguren el edificio de a lado!- Gritó el que parecía ser el comandante

-Gracias por su cooperación, si capturamos a ese chico usted recibirá una recompensa por su ayuda- Dijo el comandante y bajó corriendo

-Sería feliz si solo repararan mi ventana...- Pensó el señor

Mientras tanto el chico ya había sobrepasado su límite, sus piernas estaban tan cansadas que él pensó que se le desprenderían en cualquier momento.

-¡Solo un poco más! ¡Si logro brincar a aquel edificio podré llegar al límite de la ciudad  y escapar por las alcantarillas!-


Pensando en la libertad, el chico brincó por los aires....

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