La hermandad de hierro: Lazos de acero (11)

-Entonces... ¿Después de que el profesor te salvara perdiste contacto con ellos?- Preguntó Alice.

-Así es, ni siquiera recuerdo cuanto tiempo estuve dormido- Respondió Eidan.

-Ah...entonces esa es la causa...- Dijo Alice en voz baja.

-¿Causa de qué?- Preguntó Eidan.

-Verás, los humanos en general son incapaces de usar magia ya que su cuerpo no genera la energía suficiente para ello. A diferencia de nosotros, que podemos darnos el lujo de liberarla y usarla de distintas formas como pudiste observar hace un momento. Aún en el caso hipotético de que un humano aprendiera a usarla, moriría en el primer intento- Dijo Alice.

-Pero por supuesto, el profesor no me hubiera pedido enseñarte a usar la magia si supiera que morirías al primer intento. Así que debe de haber algo que él sepa y nosotros no- Agregó Alice.

-¿Y ese algo sería?- Pregunto Eidan.

-Naturalmente, lo que hizo con tu cuerpo mientras dormías- Respondió Alice.

-Puede que esto se convierta en un gran problema...- Dijo Klauz.

-¿Eh? ¿Qué está pasando? ¿Porqué me están mirando de esa manera?- Preguntó Eidan confundido por la situación.

-Joven Eidan, usted mencionó que antes de conocer al profesor se dedicaba a robar ¿Cierto?- Preguntó Klauz.

-No es algo de lo que este orgulloso, pero sí, a eso me dedicaba- Respondió Eidan.

-Entonces puedo asumir que nunca tuviste contacto con el mundo de la magia ¿Cierto?- Preguntó Alice.

-Así es- Respondió Eidan.

Alice y Klauz lucían molestos y decepcionados al mismo tiempo.

-A pesar de que le dijimos que no lo hiciera...- Dijo Alice.

El silencio invadió la habitación por unos instantes haciendo que Eidan se pusiera más nervioso.

-Joven Eidan, no quisiera asustarle pero hay algo que debe saber- Dijo Klauz.

-Desde el momento en que Arnest terminó la operación...dejaste de ser humano- Dijo Alice.

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